El consumo de croquetas congeladas continúa al alza en los hogares españoles.
En los últimos tres años, esta categoría ha registrado un crecimiento del 3,6%, consolidándose como una de las opciones más demandadas dentro de los platos preparados. Solo en 2024 se consumieron más de 13 millones de kilogramos de croquetas congeladas, una cifra que refleja su presencia habitual en la cesta de la compra.
Este crecimiento viene acompañado de una amplísima variedad de referencias disponibles en el supermercado: de jamón, pollo o cocido, propuestas más innovadoras y gourmet, como croquetas de chipirones en su tinta, gamba roja, arroz negro con alioli, calabaza con parmesano o cochinillo con manzana.
Además, la oferta incluye especialidades de pescado, elaboraciones con leche fresca y alternativas pensadas para distintos perfiles de consumidor, como opciones veganas, sin gluten o sin lactosa, ampliando así el acceso a este producto a todo tipo de públicos.
La industria alimentaria ha sabido adaptarse a las necesidades actuales de comodidad y seguridad alimentaria, ofreciendo soluciones prácticas que ahorran tiempo sin renunciar a la calidad. Las croquetas congeladas permiten disfrutar de una receta compleja de elaborar en casa —por la preparación— con todas las garantías sanitarias y una textura y sabor cada vez más próximos a los caseros. Todo ello manteniendo el respeto por las recetas tradicionales y su esencia.

Croquetas.
Más allá de las cifras, la croqueta ocupa un lugar destacado en la cultura gastronómica española. Presente tanto en el ámbito doméstico como en bares y restaurantes, se ha convertido en un símbolo de aprovechamiento, tradición y sabor. Aunque su origen se remonta a la cocina francesa del siglo XVIII, la croqueta ha sido plenamente adoptada por la gastronomía española, formando parte de su identidad culinaria y demostrando que, generación tras generación, sigue siendo un clásico que nunca pasa de moda. Al menos en casa.


